Los órdenes del amor.

Los ordenes del amor son las leyes que gobiernan nuestras vidas. El desconocimiento de ellos no nos exime de su cumplimiento. Los percibiremos por sus resultados. Estos son:

  • El orden.

  • La pertenencia.

  • Equilibrio entre dar y recibir y compensación de opuestos.

En este post me centraré en El orden:

 

Todos tenemos un lugar que viene marcado por nuestro momento de entrada. De este modo, cuando nacemos tenemos un lugar entre los que estaban antes en nuestra familia y los que vienen después. También cuando nos incorporamos a cualquier grupo de pertenencia, el momento de entrada a ese grupo marca nuestro lugar entre los que estaban antes y los que se incorporan con posterioridad.

Esto viene a decir que el que llega nuevo debe respeto a los que estaban antes. Cuando los que estaban antes se sienten respetados, se vuelcan en amor y servicio hacia el nuevo.

 

La ley del orden para los sistemas

El sistema nuevo tiene preferencia sobre el que estaba antes.


Por ejemplo:

  • La familia nueva formada por el hijo tiene preferencia sobre la familia de los padres.

  • Un hijo nacido fuera del matrimonio, forma una familia nueva, que toma preferencia sobre la familia anterior.

  • Una pareja nueva toma preferencia sobre la pareja anterior.

Muchas veces se inclumple el orden ya que no estamos ocupando nuestro lugar. A veces se ocupa el lugar de un ancestro y nos sentimos por encima de nuestros padres, otras se ocupa el lugar de una pareja anterior de uno de los progenitores y estamos de iguales con ellos, otras el hijo/la hija ocupan el lugar del padre o la madre de los porgenitores desde el amor ciego del niño creyendo que así sus padres podrán tomar a los padres y se convierten así en sus abuelos.

Estos desordenes se manifiestan en la vida de las personas produciendo fracasos, no disfrutando de la pareja o bien haciendo de padre/madre de la pareja, ya que su pareja sistémica es uno de los progenitores, no tener dinero, herencias bloqueadas, no tener trabajo, no ser valorado en el trabajo o no sentirse realizado en el trabajo, dificultades de relación con amigos, familiares o compañeros de trabajo.

 

Todos lo hacemos lo mejor que podemos, lo mejor que sabemos. Y estas decisiones se toman desde el amor arcaico del niño que cree poder así salvar a sus ancestros llevando sus cargas.

Lo que libera estas situaciones es tomar la decisión de ocupar nuestro lugar, es en nuestro lugar donde tenemos más fuerza para estar en la vida con todas las oportunidades que nos brinda. Es un paso que produce culpabilidad, ya que el niño tiene que aceptar crecer y para eso debe dejar que sus padres asuman sus propias cargas, su propio destino, dejandoles a ellos sus decisiones y las consecuencias de ellas, apartándose y decidiendo vivir su propia vida.

Para ello hay que aceptar a los padres tal y como son, tal y como fueron. El que hayan sido así nos ha hecho como somos. Ellos fueron imperfectos, nosotros somos imperfectos y es esta imperfección la que nos permite crecer y evolucionar.

Ellos son los únicos y verdades para nosotros y de esa fusión de nuestra madre y nuestro padre surgimos nosotros.

"En la semilla se encuentra toda la información del arból" y en nosotros se encuentra toda la información de nuestros padres y de sus familias. Aceptar y honrar todo de ellos nos permite poder acptarnos y honrarnos a nostros mismos, hasta lo que no nos gusta, pero si no lo aceptamos no lo podemos ver y transformar. Cuanto más renegamos y despreciamos algo más crece en nosotros.

 

Lo más importante es que nos dieron la vida y gracias a ellos estamos aquí. "Y ahora como adulto todo lo demás me lo busco yo".

Este punto parece algo lógica y que todo el mundo práctica, aunque no es así. Muchas veces cargamos a personas de nuestro entorno y a nuestra pareja sobretodo con nuestra carencias y expectativas infantiles. Aunque en esto punto debo aclarar que lo que vemos en el otro es un reflejo de nuestro propio desorden.

Una "niña de papa" se irá con alguien que le complemente. Si le hacemos de madre a nuestra pareja, eso quiere decir que en el nivel profundo él nos está haciendo de padre. Luego ambos estamos desordenados. Y siempre son desórdenes complementarios. 

 

Para crecer y llegar al adulto es esencial aceptar lo que los padres nos dieron, sabiendo que los padres siempre dan a los hijos lo mejor que pueden dar. Si no dan más, es porque ellos mismos no lo recibieron, y nadie puede dar lo que no tiene. Renunciar a exigirles más de lo que nos han podido dar, nos dieron la vida que es lo más grande. El resto ahora podemos buscárnoslo nosotros.

Y conlleva aceptar y agradecer la vida recibida y todo lo que nos dieron.

Otra decisión que nos lleva al adulto es decidir vivir nuestra vida, con nuestras cargas, aceptando lo que nos ha tocado y dejando a cada uno con lo suyo: “Ahora decido vivir mi propia vida, lo que me ha tocado. Me abro a mi vida, tal y como es, y la agradezco”.

Esto permite asentir al propio destino y de este modo renunciar a vivir el destino de otros.

 

 

 

 

 

"Los órdenes del amor son amor puro al servicio de la vida. Su función es ordenar lo que está desordenado.

Así actúan sobre los seres humanos, buscando poner orden allí donde reina el desorden. Pero su actuar es ciego y se mueven a un nivel inconsciente, por lo que sólo se pueden percibir por sus efectos, a veces funestos".

Más información en : "Los Órdenes del Amor”, Bert Hellinger (Editorial Herder, 2000)

 

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